jueves, 4 de julio de 2024

Pesadillas burocráticas.


La burocracia es la peor parte del pinche mundo adulto, niños miados. Detrás de sus pequeños escritorios, los burócratas acechan a sus pinches e indefensas presas. Sabemos que este mundo no es la puñetera Disneylandia y al burócrata promedio le pagan la quincena haga bien, o no, su trabajo. Lamentablemente esa enfermedad llamada sindicalismo charro les protege y les blinda contra cualquier problema legal, protegiéndolos de una buena y merecida patada en culo gordo. Si hay una cosa que detestan estos desgraciados hijos de puta, es laburar, poner sellos, hacer papeleo, gastar valiosísima saliva para orientar o dar indicaciones a la gente. El inche salario, bien, podría ser discutible y formar parte del problema, una puta mierda de paga en comparación a la vida soñada de influencers a la que aspiran, y no podrán alcanzar, jo. Ah, pero no se sientan especiales, es igual que en la mayoría de los empleos, así que ni chillen. No creo que  usted tenga mejor explicación. Toda esa vida se perderá en rutina, esta gente se amargará más que un puto limón, la mayoría de esos hijos de su reputa perra madre cargan los problemas de casa al trabajo, o tal vez en verdad sea maldad pura y dura. Dios, espero que no esté en el puesto donde la vida del prójimo dependa de ellos.  ¿No es verdad médicos y enfermeros (as) ignorantes omisos? :D




Si usted pertenece a este selecto grupo de Godinez que básicamente se excitan al fregar gente, pero a pesar de ello terminan pasándola mal de todos modos, vaya, deberían buscar otro empleo con mejor paga,  porque, ya sabemos, nadie valora su esfuerzo. Y mientras lo haces, que te maltraten buen rato, jo y recuerdes lo que es estar del otro lado de la ventanilla. No te rías ni te sientas tan afortunadao, tarde o temprano tendrás que acudir a servicios en el que te veas reflejado frente alguna ventanilla, mi pequeño diablillo, ja, ja.

Es comprensible que exista gente que deteste el lugar donde labura, curra, chambea o como le quieran llamar. Siendo honestos, la mayoría permanecerá ahí por comodidad o por necesidad, pocas veces llega el  sujeto extraño del lejano Oriente a quien le gusta realmente el trabajo y  no tiene empacho en hacer frente a los retos del día a día. La triste realidad es que la mayoría detesta su chamba, hablamos de individuos con la cara larga durante todo el maldito día de mierda, después, la semana, completando el mes hasta pasar el año y cuando menos veas, ya te has jubilado, lleno de enfermedades. Tenga en cuenta que el estar enjojado durante toda su puñetera vida terminará causándole cardiopatías, la presión arterial se les irá de paseo, tendrán su volcán estomacal de gastritis, el culo irritable, digo, colon irritable y otras dolencias. Francamente, no me extrañaría que alguno de estos malnacidos desarrollara cáncer. Puede que todavía esté joven, mi querido todotierno veinteañero raspando ya el tercer piso, pero espérese al cuarto eslabón, ja, ja. 





Nunca voy a entender el por qué si el usuario o cliente, llega al lugar de manera educada, con buena actitud, puntualidad y esa mierda, el puto burócrata no puede ser más afable en sus tratos, parece como si te hicieran un favor. También sucede una cosa curiosa, cuando dos hijos de puta se encuentran por casualidades de la vida, obedecen a esa propiedad fundamental de la materia la cual afirma que dos hijos de perra no pueden ocupar el mismo espacio, así, entre más hijo de su reputísima madre sea el usuario, recibe más amabilidad en el trato, desarmando al burócrata casi en su totalidad, dejándolo como un primerizo, un vil amateur frente a todos los demás. Habrá gente que recurra al dichoso Karma, si es que acaso cree en eso y, exista o no, perdone, algunos se lo merecen.

Hablemos también de las personas que sí se ponen la camiseta en su trabajo, sea donde sea, esas frutas frescas recién llegadas quierendole dar una nueva dirección a su entorno, observando los pequeños detalles, buscando mejorar esas áreas de oportunidad. Lo más seguro es que también termine odiando el entorno ya sea por rutina o acabe en el mar de indiferencia junto al resto.

Como cualquier cosa en esta vida, esto es un arte, hijito y más te vale que aprendas rápido. Al ir a un trámite no sabes lo que te vas a encontrar, es una moneda al aire. No obstante, parece que siempre hay existe la constante. No quiero caer en estereotipos pero lo más común es toparte con una criatura semejante a esta: 



 Indiferente, calculadora y de mal carácter.


En fin, lo quiera o no, esta gente significa la llave del reino del papeleo, habrá gente que le dé ciertas pistas para alivianar trámites, otros serán totalemente valevergas, simples masoquistas del dolor y la molestia ajena. Ir a lloriquear al buzón de quejas parece la opción, pero los más seguro es que haya una trituradora de papel esperando recibir amablemente tu réplica. La vieja confiable es grabar con tu celular y acercárselo a la jeta al mamón en turno, vomitando tu inconformidad, y a veces, terminando en una escena. Prefiero quejarme a la antigua en el buzón ja,ja, hasta ahora, sin ningún resultado. Pinches sindicatos miados, jo. Tengo la mala suerte de que cuando estoy en la fila de espera, hay un menda mollera sumida adelante de mí que siempre le anda calentando la cabezota al burócrata en turno, les grita, les dice hasta de lo que se van a morir (a pesar de que  en ocasiones hay hojas pegadas con información que claramente explica qué hay que hacer, ahí si la neta la gente está bien, pero re-bien meca), el molesto esperpento se retira echando vituperios dejándome bien encabronados y calientitos a estos funcionarios administrativos. Si eso llegara a pasar, comienze con un "Hola, quitándole el soy Goku", olvide el buenas tardes o días, limítese a contestar con monosílabos a todo lo que le pregunten "Sí" ,"No", "Entiendo" y eso. El cerebro burócrata se relaja y a usted no me lo mandan a la verga tan fácil. 

En mis años de cochina y sucia vida, parece que sólo hay dos formas de vencer a estas criaturas semi-vivas colocadas estratégicamente, por Dios sabe quién, en sus puestos de trabajo; la primera es acudir con todos tus pinches papeles, incluyendo cosas que ni te piden y eso, despertando miraditas de incredulidad burócrata detrás de sus pequeñas fortalezas estrechas. Si ellos tienen vocecita y tú eres medio Zordon, habrá bronca. No les gusta que les hagan repetir las cosas, no les toque las pelotas, no sea necio, son criaturas sumamente sensibles a las palabras. De otra forma no me explico porque andan ahí, aparte del dinero, claro. Sabrá que ya les anda tocando las narices en el momento exacto en que se refieran a usted con voz autoritaria acompañada de la frase clásica: A ver... joven, señor, madre o madrecita, según sea la ocasión. Ándese con mucho cuidado. 




Y se emputan porque no se les entiende nada, y tienes qué preguntarle qué chingados dijo.


 


Si eres ordenado, eso te ahorrará digamos un 50% de burocracia, más no quiere decir que ellos no  puedan recurrir a su mejor defensa: "LE FALTA LA, LOS, LAS..." y vaya que te pueden arruinar el día completo y te obligan a regresar al siguiente día de mierda, si acaso se alinean las estrellas y tu puñetera jefa te lo permite. Eh, saludos, jefa.




La segunda arma a tu disposición en contra del deshumanízate sistema burocrático... A decir verdad casi nadie usa este maldito método, me refiero al carisma, yo de plano llegué tarde a la repartición, pero hago mi esfuerzo. A veces los buenos modales no siempre resultan y a veces tienden a irritar más a estas culeros. Tendrá un par de segundos para determinar cómo actuar. 



¿Dónde está tu carisma?


Le voy a aburrir con una anécdota  "carismática" (Ay, no, cállese ya de una puta vez)... siendo que fue la única ocasión en que esa madre me funcionó. Nunca más me ha funcionado por cierto. No fue nada planeado sino simplemente fue algo espontáneo, producto de mi desesperación de mozalbete estudihambre preparatoriano. 

El hecho ocurrió en la Hemeroteca Nacional de la UNAM, ubicada en el centro cultural. Verá, alguna maestra de redacción que nunca dio clases a lo largo del bimestre, decidió que por fin era hora de dejar de hacerse pendeja y dejarnos un trabajo final en equipo, uff, como me "agradaba" hacer trabajos en equpo. Pff, al diablo. Aquel maldito trabajo calificaría toda la materia (ella tenía unas anécdotas escalofriantes de hacerse amiga de las ratas que se metían a su casa... Oh, sí, hijo, fue real, aún ahora tengo regresiones cinematográficas a lo Vietnam. Ella pasaba demasiado tiempo hablando de puras estupidces, parecía comedia Stand up, sólo le faltaba su micrófono y una luz cenital orbitandole la cabeza en medio de la oscuridad. Era una maestra mueble, por decir menos.




A ciencia cierta, no recuerdo qué tipo de nota nos pidió, pero era de a huevo acudir allí. En esa biblioteca tenían unos librotes rojos con colecciones de periódicos muy chidos, sólo había que tener cuidado al manejarlos porque algunos ya estaban algo amarillos, algo de esperarse. Esa tarde anduvimos buscando la dichosa nota. Algo que la maestra perdida en sus debrayes ratoniles tuvo el agrado de  olvidar,  fue mencionarnos que necesitabas una identificación al momento de entrar. En ese entonces sólo tenía mi credencial escolar, o si ya contabas con automóvil, pues un carné de conducir (sí, carné, hijo). Traer esa madre a todos lados era lo último que pensabas en esos años (en realidad no hace muchos, sin embargo, reponer esa credencial era imposible, y por lo mismo, no me la llevaba. Ya sabe, México Mágico y sus asaltos). Si tú no vivías cerca de la UNAM, pues estabas en problemas porque el personal no te iba a dejar pasar. Cuando yo y otro compadre llegamos a la entrada, lo primero que escuchamos fue al dependiente batear bien lejos a otros muchachos que no cargaban identificación. Intercambiamos una mirada de "señores, ya valimos verga" porque ninguno de nosotros portaba la puta credencial. Decidimos hacernos los tontos e intentar pasar desapercibidos esperando otro numeroso grupo de estudiantes, el cual por cierto, tampoco traía multipass. Mientras eran entrevistados, pasamos de largo, ya pensábamos que lo habíamos logrado, un tercer dependiente con el cual no contábamos, nos mandó a llamar para pedirnos la credencial.  Los derrotados ya se habían retirado y seguía nuestro turno en el cadalso. Estábamos frente a 3 treintañeros dependientes (bueno, algo así) , el tercer hombre nos dijo: "Su credencial,  jóvenes, por favor", "No...-le dude un poco- no traemos, señor".  "Lo lamento pero si no traen una identificación, no van a poder pasar" culminó tajante el dependiente. Ninguno de nosotros dos vivía cerca y además la carga de trabajos a entregar complicaba la situación para coordinarnos, ni cómo olvidar que la fecha  de entrega ya estaba también próxima.  No queda otra que usar La vieja medio confiable: siempre que exista un problema, lloriquee con un superior. Había que actuar antes de que nos mandaran a la verga: "Con quién podríamos hablar para poder entrar" le dije, otro respondió "Uy, eso va a estar muy difícil por que hoy anda de mal humor- dijo con sorna. Yo le contesté casi inmediatamente algo como: "Sí, pero eso sólo es de lunes a jueves y ya no aplica los viernes" ("Ba dum Tsssss").


El dependiente de la Hemeroteca después de escuchar mi chiste.

Sí, alguna tontada de esas, no me acuerdo bien la frase pero claro que recuerdo tenía que ver con el día Viernes. Ellos rieron, no le voy a decir que se cayeron al piso sujetándose la barriga muertos de la pinche risa,  pero eso fue suficiente para que nos dijeran cómo entrar sin credencial. Resulta que en la entrada en uno de los flancos de las escaleras, había una especie de pilar, podías apreciar un espacio y sólo era necesario pegarte a la pared y seguir la forma redonda de la estructura aunque pareciera que no te llevaba ningún lado, si continuabas el recorrido, ya estabas dentro, aparecías cerca de un anaquel de libros. Si eras robusto, no te convenía tentar al diablo porque era un poco estrecho.

Si usted lector piensa ingenuamente repetir la hazaña, me temo que se la va a tener que pellizcar pues alguien anduvo abriendo la boca de más. Era de pensarse que tarde o temprano algún avispado administrativo, coordinador o lo que fuera, decidiera sellar la entrada mágica con una suerte de barrera vegetal y reforzar el lugar con algo de metal. MALDITOS SEAN :V

Así es esto, amigos. Yo diría que si logra que un burócrata le ayude o se reía (no de usted, como siempre pasa, sino con usted), joder usted se ha anotado un logro desbloqueado. Con estos tristes ejemplos no le estoy diciendo que todos los Godínez son malos. He visto desplantes bastante indignantes por ambas partes, ahora más que nunca gracias a la maravilla de exhibir gente por medio de redes sociales, sin ninguna consecuencia, a menos que haya denuncia mediante un acta. Si usted es un burócrata, tal vez pudiera facilitarle los trámites si le explica bien a las personas, además de que se ahorrará tiempo y se evitará filas largas innecesarias por preguntas chojas.  Quizás al próximo que pueda ayudar sea yo. 

Por último, le deseo suerte en caso de que ande peregrinando entre trámites esperando logre finalizarlos con éxito. 

Y recuerda, Luke, utiliza el carisma:




Etiquetas: La suciedad de la sociedad, burocracia, burocrata, burocracy, burocrat, society, Kiss

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